China transforma la basura en recurso y ya no alcanza

China ha logrado un giro profundo en la gestión de residuos urbanos. La incineración ya ha superado al vertido sanitario como método dominante, convirtiendo la basura en una fuente estable de energía. En algunas de las regiones más desarrolladas del país, el fenómeno ha ido aún más lejos: la basura disponible ya no alcanza para alimentar toda la capacidad instalada.

Este cambio, impensable hace dos décadas, refleja tanto el crecimiento del consumo urbano como la magnitud de la inversión pública y privada en infraestructuras ambientales.

La incineración desplaza al vertido como eje del sistema

Durante años, el vertido fue la solución predominante para los residuos urbanos, pero su impacto ambiental y el uso extensivo de suelo lo convirtieron en un problema estructural. En respuesta, China apostó por la incineración como alternativa central: reduce el volumen de residuos, genera electricidad y evita emisiones de metano.

Según datos oficiales, en 2024 el país recolectó 262 millones de toneladas de basura urbana, frente a 158 millones en 2010. Paralelamente, la capacidad nacional de incineración alcanzó 114,1 millones de kilogramos diarios, un aumento de más del 70% respecto al final del XIII Plan Quinquenal reporto Xinhua .

Cuando la basura empieza a escasear

En zonas altamente urbanizadas como el delta del río Perla o el delta del Yangtsé, la expansión de plantas de incineración ha superado al crecimiento del volumen de residuos. Allí surge el fenómeno descrito por los medios como “la basura no alcanza para quemar”.

Las plantas operan a plena carga y, en algunos casos, por encima de su utilización nominal. En contraste, otras regiones menos pobladas presentan el problema inverso: instalaciones subutilizadas por falta de residuos suficientes.

El caso Yulong: desenterrar basura para generar energía

Uno de los ejemplos más ilustrativos se encuentra en Shenzhen. El antiguo vertedero Yulong, clausurado hace dos décadas, está siendo excavado por completo. El lugar acumuló alrededor de 2,5 millones de metros cúbicos de basura, un volumen comparable a unas mil piscinas olímpicas.

El proyecto, iniciado en 2024 y con final previsto en 2026, consiste en recuperar residuos históricos. Parte del material se recicla, otra se inertiza, y los residuos ligeros se envían a plantas de incineración para producir electricidad. Lo que antes era un pasivo ambiental se ha convertido en insumo energético.

Tecnología, control ambiental y liderazgo industrial

China pasó de importar tecnología de incineración a liderar el sector a nivel mundial. Más del 80% de las plantas utilizan hornos de parrilla mecánica, adaptados a residuos húmedos y de bajo poder calorífico.

Las instalaciones operan a temperaturas superiores a 850 °C y cuentan con sistemas multietapa de filtrado. El monitoreo de emisiones, incluidas las dioxinas, se realiza en tiempo real y está conectado directamente con los reguladores ambientales.

Empresas especializadas dominan el sector y algunas registran niveles de utilización superiores al 100%, mientras otras, especialmente en áreas rurales, apenas alcanzan el 60%.

Un modelo que ya se exporta

El modelo chino de incineración no se limita al territorio nacional. Empresas del país participan en al menos 79 proyectos de tratamiento de residuos en países de la Franja y la Ruta, exportando tecnología, operación y estándares ambientales.

Al mismo tiempo, la mejora en clasificación de residuos y la reducción en origen están presionando el suministro de basura para incineración en zonas urbanas densas, revelando una paradoja: cuanto más eficiente es el sistema, más visible se vuelve la escasez regional.

El caso chino muestra cómo la basura ha dejado de ser solo un problema urbano para convertirse en un recurso estratégico, cuya gestión exige planificación fina, equilibrio territorial y adaptación continua a nuevas realidades.

Hanyu Online es un proyecto editorial independiente que analiza China desde fuentes locales, contexto social y lectura comparada.

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