Si Japón interviene en Taiwán, China advierte que responderá con firmeza
El 18 de febrero, durante una sesión en la sede de Naciones Unidas, el representante permanente de China ante la ONU, Fu Cong, lanzó un mensaje directo: si Japón interviene en la cuestión de Taiwán, China lo considerará un acto de agresión.
La declaración se produjo en un debate sobre la Carta de la ONU y el papel de la organización en el sistema internacional. En ese escenario, el tema de Taiwán fue presentado como una cuestión vinculada a principios básicos del derecho internacional y a la estabilidad del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Intervenir bajo “autodefensa colectiva” cruzaría una línea roja
El punto más sensible del discurso fue la referencia al concepto de “autodefensa colectiva”. China advirtió que, si Japón utiliza ese marco para justificar una intervención en Taiwán —sin importar el argumento empleado—, eso sería interpretado como una agresión.
La advertencia fue clara: una acción de ese tipo provocaría una respuesta firme. El mensaje no describió escenarios concretos, pero sí dejó establecida una línea política definida.
La Carta de la ONU como base del argumento
Durante su intervención, el diplomático chino recordó que la Carta de Naciones Unidas prohíbe el uso o la amenaza del uso de la fuerza en las relaciones internacionales.
Desde esa perspectiva, cualquier participación militar externa en Taiwán sería incompatible con el principio de respeto a la soberanía y la integridad territorial, considerados pilares del orden internacional surgido tras la guerra.
Taiwán como asunto interno
El discurso insistió en que Taiwán es parte del territorio chino y que la forma de resolver esa cuestión pertenece al ámbito interno del país.
Bajo esa posición, ningún Estado tendría derecho a intervenir, y mucho menos a emplear la fuerza bajo el argumento de defensa colectiva. La idea central es que la soberanía no admite excepciones externas.
Referencias históricas y advertencia política
También se recordó que Japón, como país derrotado en la Segunda Guerra Mundial, asumió compromisos internacionales que forman parte del marco regional de posguerra. En esa línea, cualquier intento de reinterpretar ese marco fue presentado como una provocación al orden internacional existente.
Más allá de la retórica diplomática, la intervención fija una posición clara en un foro multilateral: China considera que una eventual intervención japonesa en Taiwán no sería un asunto de alianzas, sino una agresión directa.
La declaración eleva el costo político de ese escenario y deja establecida una advertencia pública ante la comunidad internacional.
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