China registra planes para más de 200.000 satélites: ¿qué significa?
Entre finales de diciembre de 2025 y comienzos de 2026, China presentó ante organismos internacionales una de las solicitudes más grandes jamás registradas en el ámbito del internet satelital. En total, el país declaró planes que cubren más de 200.000 satélites, una cifra que ha reactivado el debate global sobre órbitas, frecuencias y competencia estratégica en el espacio cercano a la Tierra.
Las solicitudes no implican lanzamientos inmediatos, pero sí colocan a China en una posición prioritaria dentro de un sistema internacional donde el tiempo de registro es clave.
Una solicitud masiva que no significa lanzar mañana
Según la información publicada por medios especializados chinos, entre el 25 y el 31 de diciembre de 2025 se presentaron ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU) solicitudes de recursos de frecuencia y órbita para aproximadamente 203.000 satélites, distribuidos en 14 constelaciones distintas.
La mayor parte de estas solicitudes —alrededor de 193.000 satélites— figura a nombre de un instituto chino dedicado a investigación e innovación en espectro radioeléctrico, recientemente registrado en la nueva zona de desarrollo de Xiong’an. El movimiento no representa un calendario de lanzamientos, sino una reserva estratégica de recursos orbitales dentro del marco regulatorio internacional.
Especialistas citados por la prensa explican que, en el actual contexto espacial, asegurar primero el derecho de coordinación es tan importante como la capacidad industrial de fabricar satélites.
Por qué la ITU es el verdadero campo de batalla
En el sistema satelital global, la clave no es solo lanzar aparatos al espacio, sino obtener reconocimiento internacional de frecuencias y posiciones orbitales. Ese proceso se coordina a través de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), organismo de la ONU encargado de ordenar el uso del espectro y las órbitas.
Según las reglas públicas de la ITU (explicadas en su portal oficial: https://www.itu.int), una vez presentada una solicitud, el solicitante puede disponer de hasta 14 años para completar el despliegue, con la obligación de lanzar al menos el primer satélite dentro de los primeros 7 años. Este mecanismo favorece la lógica de “primero en registrar, primero en prioridad”, lo que ha llevado a muchos países y empresas a presentar planes de gran escala incluso antes de tener una constelación lista para operar.
En ese marco, registrar no equivale a lanzar, pero sí bloquea espacio estratégico frente a otros actores.
El cuello de botella real: la órbita baja
La órbita baja terrestre (LEO) es hoy el recurso más disputado. Su baja latencia la hace ideal para internet satelital, IoT y servicios globales, pero también tiene límites físicos.
Informes citados por medios chinos señalan estimaciones muy dispares: algunos estudios calculan que LEO podría alojar unas 60.000 unidades, mientras que otros amplían el margen hasta aproximadamente 175.000 satélites manteniendo distancias mínimas de seguridad. En ese contexto, una solicitud de más de 200.000 satélites no describe una ocupación real inmediata, sino una maniobra para asegurar prioridad en un espacio finito.
El caso no es único. En 2021, Ruanda presentó solicitudes para más de 300.000 satélites, operación que posteriormente fue vinculada a una empresa europea. A día de hoy, gran parte de esos planes no se han materializado en lanzamientos.
China acelera, pero desde una base todavía limitada
A finales de 2025, China contaba con alrededor de 800 satélites comerciales en órbita, de los cuales más de 300 se lanzaron ese mismo año. En total, el país realizó 92 lanzamientos en 2025, casi la mitad de carácter comercial.
Estas cifras muestran una aceleración clara, pero también evidencian la distancia entre los planes declarados y la capacidad operativa real. Incluso considerando los avances industriales, desplegar decenas de miles de satélites requeriría años de producción sostenida, presupuestos elevados y una cadencia de lanzamientos muy superior a la actual.
Qué está realmente en juego
Más allá de la cifra, lo que refleja esta operación es un cambio de escala. La competencia por el espacio LEO ya no es solo tecnológica o comercial, sino estratégica, donde el registro temprano se convierte en una herramienta de poder.
China no ha anunciado un calendario concreto para desplegar las constelaciones asociadas a estas solicitudes. Tampoco se ha detallado cuántas de ellas corresponden a planes ejecutables y cuántas funcionan como reserva de futuro. Lo que sí queda claro es que el tablero orbital se está llenando antes incluso de que los satélites despeguen.
🈶 ELEMENTO CULTURAL
En el debate chino sobre espacio e internet satelital aparece con frecuencia la idea de “先申先占” (xiān shēn xiān zhàn), que puede traducirse como “quien registra primero, ocupa primero”. No se trata de lanzar antes, sino de asegurar el derecho dentro de las reglas internacionales. Este enfoque explica por qué muchas solicitudes gigantes se entienden en China como planificación estratégica a largo plazo, más que como promesas técnicas inmediatas.
